Carta de Amor


Me pregunto por qué un día lluvioso de hace ya muchos años no refugié bajo tu paraguas o por qué no me encontraría contigo entre la espesura de la bruma, o por qué no pasó ningún tren por la remota estación para haberlo cogido juntos. Esas son las preguntas que el destino resuelve con un silencio sin fondo y cómo él no gusta de ser interrogado pues nunca lo sabremos.

El pasado está tras un muro desgastado por el tiempo, y el futuro se tiende, inquieto, como un amante ávido tras nuestra ventana; salgamos y tomémoslo hasta convertirlo en un recuerdo imborrable, en una noche de amor, en un rojo atardecer de esos que parten en dos el horizonte y que se abaten sobre el mar como una gaviota nacarada. El amor es un sendero a veces solitario, lleno de luces tenues, de árboles que olvidó la primavera, de pasos perdidos, de nubes fugaces cargadas de lluvia y de tormenta, pero cuando se ama se alcanza una eternidad instantánea que conjura contra la muerte: la vida no existe si el amor muere.


Me perderé en tus ojos mientras la oscuridad exista, mientras el susurro de tu voz y el aura de tu aliento rocen mis labios entreabieros y sienta los tuyos como propios; mientras me quemen tus manos y restañen mis heridas todo será eternidad y vida, mientras tu pelo roce mi pecho y te derrumbes sobre mí sudorosa y tranquila, existirá la eternidad; mientras nos entreguemos rendidos y sin armas el uno al otro, habrá eternidad; habrá eternidad en tus piernas entrelazadas suaves y firmes; habrá eternidad mientras me ames. Nos amaremos con la suave furia de la pasión que mueve nuestros cuerpos, nuestras almas, nuestros instintos y nuestros sentidos. Amareceremos solos en un mundo de estrellas fugaces, de raudos meteoritos, de sólidos planetas, astros sombríos comparados con tus ojos.

Nos tendremos y nos poseeremos en un instante de soledades compartidas, que será tan eterno como el vagar de la luz por los espacios muertos, por las abrumadoras dimensiones estelares descubriendo sombra de materias negras, de agujeros por donde precipitarse el alma descubriendo recovecos y sombras dormidas que volverán a la vida como por ensalmo. Mezclaremos nuestro sudor, nuestra saliva, nuestro olor, nuestras pieles abrasadas de tanto rozarse y penetraremos el uno en el otro hasta que quepamos en un solo ser, en un inquebrantable espíritu. El amor es ver el alba juntos, abrazados con todos los poros, con cada minúsculo pedazo de nuestras almas, con cada ínfimo de nuestro tiempo; mientras fuera la lluvia lava la siniestra mueca de un mundo en guerra, la insufrible desazón de una tierra estéril, pero qué nos importa eso. El amanecer nos encontrará solos y perdidos en nosotros mismos, como las tempestades se esparcen en los espacios intransitables del cosmos.


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